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Superficie

julio 31, 2023

Nunca me gustó el océano, hay demasiada agua por todas partes si me lo preguntan. Pero de algún modo me las arreglé para terminar enlistado en la marina, supongo que así es la vida.

Ya saben…uno crece en la pobreza, tiene algunos problemas con la ley, y de pronto aparece en escena un amigable oficial de reclutamiento listo para limpiar tu historial. El resto de la historia se cuenta sola.

Realmente no era un mal trabajo. No pagaban mucho pero siempre a tiempo, te daban ropa, tres comidas al día, y un alojamiento bastante decente. Lo único que le sobraba para ser perfecto eran todas esas órdenes que seguir y los oficiales que las gritaban en tu cara a toda hora.

Sorprendentemente, resulté ser bastante bueno para seguir órdenes. No lo suficientemente inteligente como para ser un oficial, pero sí lo suficientemente obediente como para subir los peldaños más bajos de la escala de mando. Sí, la vida me trató bastante bien durante un tiempo, o al menos, menos mal de lo habitual, lo que ya era una mejoría. Debería haber sabido que no podía durar.

No lo supe en ese momento, pero las cosas empezaron a ir cuesta abajo con la buena noticia de mi promoción. Todo al respecto parecía genial. Un aumento de sueldo, más tiempo de licencia en tierra, mejores alojamientos, todo sonaba muy bien, hasta que leí cuál era mi nueva asignación. El cuerpo de submarinos.

Para no aburrirlos con una historia demasiado larga, estoy seguro de que el alto mando ahora tiene evidencia científica realmente sólida de que los capitanes novatos con más ego que experiencia y las embarcaciones submarinas no se mezclan muy bien que digamos. Ah, y también que dar la orden de emerger a la superficie mientras un destructor maniobra encima de uno es definitivamente una muy mala idea.

Y es así es como terminé aquí abajo, completamente solo en la oscuridad y escuchando el casco crujir y gemir bajo la presión del fondo. ¿Qué puedo decir? Alguien tenía que abrir manualmente la escotilla, el sistema eléctrico estaba frito y realmente no era justo que los muchachos que sobrevivieron al choque se quedaran atrapados aquí abajo por culpa de un estúpido interruptor.

No me miren así, no soy un héroe desinteresado. Todos tenían familias esperándolos, soy el único al que nadie extrañará… hagan la cuenta.

De todos modos, no tienen porqué sentirse mal por mí, aún podría tener suerte. El aire podría agotarse antes de que esta lata acabe de aplastarse. Siempre hay que verle el lado bueno a la muerte, digo yo.

¿Y, saben algo? La verdad es que hasta es un poco agradable estar aquí. Sin contar los gemidos moribundos del barco y uno que otro remache que se bota ocasionalmente, el fondo del mar es muy tranquilo y silencioso.

Nunca me gustó el océano, hay demasiada agua por todas partes.

Pero, diablos, como me gustaría poder tomarme una cerveza.

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